¿Y si Rafa Marín llegara a Quintana Roo?
De ser cierto que Rafael Marín Mollinedo está por asumir la Delegación del Bienestar en Quintana Roo, estaríamos ante algo más que un simple nombramiento administrativo: podríamos estar presenciando el ingreso de una figura con peso histórico en la Cuarta Transformación al terreno político del estado.
No sería la primera vez que un perfil con dimensión nacional aterriza en una trinchera regional para fortalecer el andamiaje institucional de la 4T. Pero sí sería una de las pocas veces que lo haría alguien con el expediente político, técnico y humano de Rafael Marín.
Marín Mollinedo no es un improvisado. Tampoco es un actor nuevo ni un rostro prestado. Es fundador del movimiento, amigo personal de Andrés Manuel López Obrador desde sus años de lucha en Tabasco, y hoy por hoy, un hombre de confianza plena de la presidenta Claudia Sheinbaum.
En su paso por la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), impulsó una transformación que se tradujo en una recaudación histórica, un combate frontal al huachicol fiscal y un cierre progresivo a las zonas oscuras donde históricamente se filtraba la corrupción. Todo esto sin escándalos, sin estridencias, con perfil bajo pero resultados altos.
A ello se suma su trayectoria como empresario, su paso por organismos internacionales, su visión técnica y su experiencia en política económica, claves en un estado como Quintana Roo que lo mismo necesita inversión que inclusión, desarrollo que justicia.
La llegada de Marín al Bienestar, si se confirma, significaría también el retorno de un político que entiende el país desde las cifras macroeconómicas, pero también desde la calle, desde las comunidades y desde las historias de vida que ha escuchado y acompañado a lo largo de décadas.
Aquí no se trata de menospreciar a nadie. Cada quien está en su legítimo derecho de aspirar, construir y contender. Pero sería ingenuo no reconocer que hay perfiles cuya estatura trasciende lo inmediato y lo coyuntural. Y Rafael Marín, por historia, por convicción y por institucionalidad, es uno de ellos.
¿Será éste el primer paso para algo más? ¿Un movimiento estratégico que lo perfila con mayor claridad hacia 2027? No lo sabemos aún. Pero sí sabemos que, si el objetivo es gobernar con eficiencia y cercanía, nadie como quien ha construido desde abajo, ha gestionado desde arriba y ha sabido tender puentes entre ambos mundos.
Por ahora, la pregunta no es si Rafa Marín quiere estar en Quintana Roo. La verdadera pregunta es: ¿Está Quintana Roo listo para aprovechar una figura de su calibre?
