¿Evolucionamos o retrocedemos?

¿Evolucionamos o retrocedemos?

El Rugido del León

Por Sergio León Cervantes

Tenemos inteligencia artificial, teléfonos capaces de conectarnos con el mundo y tecnología que transforma nuestra vida. Sin embargo, seguimos resolviendo diferencias a gritos, amenazas y golpes. ¿De qué sirve evolucionar tecnológicamente si emocionalmente continuamos viviendo en el viejo oeste?

Un video viral muestra cómo una confrontación, aparentemente motivada por la defensa de un hijo, termina ante la justicia. Independientemente de los hechos que deban acreditarse, deja una pregunta: ¿en qué momento confundimos defender a nuestra familia con perder el control?

Los datos obligan a reflexionar. Según el INEGI, durante el primer trimestre de 2026, el 38.2% de los adultos encuestados en áreas urbanas mexicanas experimentó conflictos o enfrentamientos cotidianos. Entre quienes reportaron conflictos directos, el 72.2% los tuvo con vecinos y el 35% con desconocidos en la calle.

No hablamos exclusivamente de delincuencia. Hablamos de problemas de estacionamiento, ruido, basura, malos entendidos y discusiones que revelan nuestras dificultades para convivir.

La violencia también comienza en casa. La ENDIREH 2021 documentó que el 70.1% de las mujeres mexicanas de 15 años o más había experimentado alguna forma de violencia durante su vida; en Quintana Roo, el porcentaje fue 70.4%. Son cifras de violencia acumulada, no de incidencia anual, pero reflejan la magnitud del problema.

Y cuando las instituciones no ofrecen respuestas suficientes, el panorama se complica. La ENVIPE 2025 estimó que el 93.2% de los delitos ocurridos en México durante 2024 no fueron denunciados o no dieron lugar a una investigación.

¿Estamos normalizando la violencia mientras debilitamos nuestra confianza en las reglas de convivencia?

La ley establece límites claros. El artículo 15, fracción IV, del Código Penal Federal reconoce la legítima defensa ante agresiones reales, actuales o inminentes, siempre que la respuesta cumpla los requisitos legales. El Código Penal de Quintana Roo también contempla esta protección en su artículo 20.

Pero defender no significa vengarse. Una cosa es impedir que golpeen a nuestro hijo y otra continuar agrediendo cuando el peligro ha terminado. La primera conducta puede estar justificada; la segunda puede constituir un delito.

Imaginemos una discusión entre adolescentes en una plaza de Cancún. Alguien insulta, otro empuja, los amigos comienzan a grabar y un adulto interviene lanzando un golpe. La víctima cae, se golpea la cabeza y termina hospitalizada. Una discusión de segundos puede provocar lesiones permanentes, una investigación penal y dos familias enfrentadas.

¿Valió la pena demostrar quién era más fuerte?

Estamos formando jóvenes capaces de utilizar tecnología extraordinaria, pero no siempre les enseñamos a manejar la frustración, aceptar un rechazo, dialogar o reconocer un error.

La resiliencia, empatía, inteligencia emocional, comunicación asertiva, pensamiento crítico y resolución pacífica de conflictos no son habilidades secundarias: son herramientas indispensables para vivir en sociedad.

Y tampoco podemos responsabilizar únicamente a los jóvenes. ¿Qué aprenden cuando sus padres gritan, sus maestros humillan, los adultos amenazan y las redes convierten las peleas en entretenimiento?

Los valores no se transmiten con discursos; se enseñan con el ejemplo.

Quintana Roo necesita complementar su educación académica con formación socioemocional, mediación escolar, participación familiar y prevención de la violencia. No basta castigar las consecuencias: debemos atender las causas.

La verdadera evolución social no se mide solamente por lo que somos capaces de construir, sino por nuestra capacidad de respetarnos, convivir y resolver diferencias.

Porque levantar el puño requiere un segundo; aprender a controlar nuestras emociones puede salvarnos la vida.

¡El futuro no se espera, se construye desde hoy!

¡El éxito no se improvisa, se entrena todos los días!

X: @Oigres14 | IG: @sergioleoncervantes | Email: sergioleon@sergioleon.mx